La tarde del domingo, Juan Diego volvió al Tepeyac para contarle a la Virgen la respuesta del obispo: necesitaba una señal. Ella lo escuchó con calma y le hizo una promesa que lo cambiaría todo. Pero al día siguiente, cuando debía regresar a recoger esa señal, Juan Diego no apareció. Algo muy humano se cruzó en su camino: la grave enfermedad de un ser querido.
La tercera aparición de la Virgen de Guadalupe es breve en palabras, pero riquísima en enseñanzas. En ella se revela el corazón sencillo y noble de Juan Diego, su sentido del deber familiar y una delicadeza tan profunda que sigue conmoviendo cinco siglos después. Aquí te contamos el relato según el Nican Mopohua, el significado de cada detalle y las preguntas más frecuentes.
| Dato clave | Detalle |
|---|---|
| Fecha | Domingo 10 de diciembre de 1531 (tarde); el lunes 11 era la cita pendiente |
| Lugar | Cerro del Tepeyac y casa de Juan Diego |
| Protagonistas | La Virgen de Guadalupe, Juan Diego y su tío Juan Bernardino |
| Qué sucede | La Virgen promete una señal para el obispo; el tío de Juan Diego cae gravemente enfermo |
| Resultado | Juan Diego no acude a la cita del lunes por atender a su tío |
| Fuente | Nican Mopohua (relato en náhuatl atribuido a Antonio Valeriano) |
¿Qué fue la tercera aparición de la Virgen de Guadalupe?
La tercera aparición es el tercer encuentro entre la Virgen y Juan Diego, ocurrido la tarde del domingo 10 de diciembre de 1531, después de su segunda visita al obispo. En ella, Juan Diego le comunicó a la Virgen que el obispo pedía una señal, y la Virgen le prometió dársela al día siguiente. Sin embargo, ese lunes Juan Diego no pudo volver, porque su tío Juan Bernardino enfermó de muerte. Es, por tanto, una aparición breve, pero decisiva, que prepara el milagro final.
Para ubicarla dentro del acontecimiento completo, recordemos el conjunto de las apariciones guadalupanas:
| Aparición | Día (diciembre de 1531) | Qué sucedió |
|---|---|---|
| Primera | Sábado 9, al amanecer | La Virgen se aparece a Juan Diego y le pide un templo en el Tepeyac. |
| Segunda | Sábado 9, por la tarde | Tras el rechazo del obispo, la Virgen insiste en que Juan Diego sea su mensajero. |
| Tercera | Domingo 10, por la tarde | La Virgen promete una señal; el tío de Juan Diego enferma gravemente. |
| Cuarta | Martes 12, al amanecer | La Virgen da las rosas; la imagen queda impresa en la tilma ante el obispo. |
La promesa de la Virgen: una señal para el obispo
Cuando Juan Diego le transmitió que el obispo pedía una prueba, la Virgen no se molestó ni se sorprendió. Con dulzura, le pidió que regresara al día siguiente para entregarle la señal que convencería al obispo:
Bien está, hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido. Con eso te creerá, y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará. Y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado, el trabajo y el cansancio que por mí has emprendido. Ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo.
La Virgen muestra aquí su delicadeza: reconoce el esfuerzo de Juan Diego, le agradece su fatiga y le promete una recompensa. No lo trata como a un sirviente, sino como a un hijo querido. La señal prometida será, dos días después, el milagro de las rosas de Castilla y la imagen impresa en la tilma.
La cita que Juan Diego no pudo cumplir
El lunes 11 de diciembre, día en que Juan Diego debía volver al Tepeyac por la señal, no acudió. La razón fue dolorosa: al llegar a su casa el domingo, encontró a su tío Juan Bernardino gravemente enfermo. Pasó todo el lunes tratando de salvarlo, buscando médicos y recurriendo a las medicinas indígenas, pero la enfermedad ya estaba muy avanzada.
Al anochecer, el propio Juan Bernardino, que era un cristiano sincero, sintió que iba a morir y le pidió a su sobrino un último favor: que de madrugada, todavía a oscuras, fuera a Tlatelolco a llamar a un sacerdote para confesarse y prepararse para la muerte. Juan Diego, fiel y obediente, se dispuso a cumplir ese encargo familiar antes que ningún otro.

La enfermedad del tío Juan Bernardino
Para entender la decisión de Juan Diego hay que conocer el lugar que ocupaba su tío. Entre los indígenas, el tío paterno era como un segundo padre, una figura de máxima autoridad y cariño dentro de la familia. Atender a Juan Bernardino en su agonía no era para Juan Diego una opción, sino un deber sagrado.
Conviene notar, además, un detalle lleno de hondura espiritual: Juan Diego, que acababa de hablar con la Madre de Dios, no se le ocurre pedirle un milagro para sanar a su tío. No se siente con derecho a ello ni se considera un "influyente" por su trato con la Virgen. Se sabe solo un humilde mensajero, y por eso busca los medios humanos a su alcance —el médico y, sobre todo, el sacerdote— para atender a su tío.
El rodeo de Juan Diego: la delicadeza indígena
Quizá el detalle más hermoso de la tercera aparición sea lo que Juan Diego hace al día siguiente, de madrugada. Como tenía que pasar cerca del Tepeyac y temía que la Virgen lo detuviera —pues no podía atenderla en ese momento, urgido por su tío—, decidió dar un rodeo por el otro lado del cerro. No quería faltar a su cita por descortesía, pero tampoco podía cumplirla.
Este gesto refleja un rasgo profundo de la cultura indígena: la cortesía que aborrece decir "no" de frente. Cuando no se puede conceder algo, en lugar de una negativa directa se buscan otros caminos. Es una delicadeza que, consciente o inconscientemente, los mexicanos conservan hasta hoy. En Juan Diego, este rodeo no es engaño, sino el cuidado de quien no quiere herir ni siquiera con una palabra.
En su sencillez, Juan Diego nos muestra varios rasgos de carácter que lo hacen entrañable:
| Rasgo | Cómo se manifiesta en la tercera aparición |
|---|---|
| Sentido del deber familiar | Deja la cita con la Virgen para cuidar a su tío moribundo. |
| Humildad | No se cree "influyente" ni pide un milagro para su tío. |
| Responsabilidad | Busca médico y sacerdote, usando los medios humanos a su alcance. |
| Delicadeza | Da un rodeo para no faltar a la Virgen ni desairarla. |
| Fe sencilla | Confía en Dios sin pretender privilegios por su encuentro con la Virgen. |

Si hoy cuidas a alguien enfermo, como Juan Diego a su tío, enciende por él una de nuestras veladoras encendidas a la Virgen de Guadalupe o entrega su nombre en la Cadena de Oración.
El significado de la tercera aparición
La tercera aparición enseña que la fe no anula nuestras responsabilidades humanas, sino que las ordena con amor. Juan Diego no descuida a su tío con la excusa de una misión "más importante"; al contrario, atender al enfermo es, en ese momento, su modo de servir a Dios. La caridad concreta hacia el prójimo más cercano va por delante.
También revela el respeto de la Virgen por la libertad y la vida de Juan Diego. Ella no lo presiona ni lo castiga por no acudir: como veremos en la cuarta aparición, saldrá amorosamente a su encuentro. La Madre del Cielo entiende los tiempos y los dolores de sus hijos, y sabe esperar.

¿Qué nos enseña hoy la tercera aparición?
- La caridad empieza en casa: cuidar a los nuestros es también servir a Dios.
- La humildad de no presumir: la cercanía con lo sagrado no nos hace superiores.
- La fe y la responsabilidad van juntas: rezar no excluye buscar al médico.
- La delicadeza en el trato: cuidar de no herir, incluso en los pequeños gestos.
- La paciencia de Dios: la Virgen respeta nuestros tiempos y sale a nuestro encuentro.
El relato continúa con el gran milagro; te invitamos a leer la segunda aparición de la Virgen de Guadalupe si aún no lo has hecho.
Preguntas frecuentes sobre la tercera aparición
¿Cuándo fue la tercera aparición de la Virgen de Guadalupe?
Fue la tarde del domingo 10 de diciembre de 1531, cuando Juan Diego regresó al Tepeyac para contarle a la Virgen la respuesta del obispo. La cita para recoger la señal quedó para el lunes 11.
¿Qué le prometió la Virgen a Juan Diego?
Le prometió darle, al día siguiente, una señal para que el obispo le creyera y construyera el templo. Esa señal serían las rosas de Castilla y la imagen impresa en su tilma.
¿Por qué Juan Diego no volvió por la señal?
Porque su tío Juan Bernardino enfermó gravemente. Juan Diego pasó el lunes cuidándolo y buscando ayuda, y por eso no pudo acudir a la cita con la Virgen.
¿Quién era Juan Bernardino?
Era el tío de Juan Diego, un cristiano sincero. Entre los indígenas, el tío paterno era como un padre, por lo que Juan Diego tenía con él un profundo deber de cuidado.
¿Por qué Juan Diego dio un rodeo para no ver a la Virgen?
Por delicadeza. No podía atender a la Virgen porque iba urgido a buscar un sacerdote para su tío moribundo, y, fiel a la cortesía indígena que evita decir "no" de frente, prefirió dar un rodeo antes que desairarla.
¿Por qué no le pidió a la Virgen que sanara a su tío?
Por humildad. Juan Diego se consideraba solo un mensajero y no se sentía con derecho a pedir un favor así. Buscó, en cambio, los medios humanos: un médico y un sacerdote para confesar a su tío.
La tercera aparición de la Virgen de Guadalupe nos recuerda que la verdadera fe se vive en lo cotidiano: en el cuidado de los nuestros, en la humildad y en la confianza paciente. Si quieres tener cerca a la Virgen mientras rezas por tu familia, en nuestra tienda encontrarás imágenes, veladoras y rosarios de la Virgen de Guadalupe, hechos en México con devoción y calidad.







